Jordan abandona deliberadamente los transitados caminos del arte social para entrar en el mundo de las formas puras, donde el color, cualquiera que éste sea, tiene como función el convertirse el anverso de la luz; ésta, a su vez, procura llevar la realidad bidimensional a una ficción de tres dimensiones. Es un arte de “trompe l’oeil”, es el juego que se produce entre creador y espectador a través de un engaño admitido, el cual nos permite penetrar en el mundo metafísico. Jordan crea ingrávidas naturalezas muertas del futuro, donde los cristales y las esferas arrastran paños, a manera de placentas, testimonio de un pasado todavía tenido de humanidad.
Teresa Gisbert
Directora Instituto Boliviano de
Cultura
La Paz 1991