La producción pictórica de Ricardo Urgel se distingue por su carácter enigmático y su atmósfera de misterio. Aunque en ocasiones recurre a la mitología griega como repertorio simbólico, su iconografía se inscribe con mayor coherencia en la tradición surrealista, antes que en el simbolismo o el neobarroco. En este sentido, la pintura se convierte en un dispositivo de indagación ontológica, un espacio donde el artista reflexiona sobre la construcción de su propia identidad a través de la imagen.
Las composiciones de Urgel, habitadas por personajes que oscilan entre lo deforme, lo monstruoso y lo caricaturesco, despliegan un imaginario que tensiona los límites entre lo individual y lo colectivo. Estas figuras, lejos de ser meros ejercicios de estilo, funcionan como alegorías de la subjetividad contemporánea, revelando la fragilidad y la mutabilidad de la identidad en diálogo con la experiencia común.